“Entonces Caifás, uno de ellos, sumo sacerdote aquel año, les dijo: Vosotros no sabéis nada;
ni pensáis que nos conviene que un hombre muera por el pueblo, y no que toda la nación perezca.
Esto no lo dijo por sí mismo, sino que como era el sumo sacerdote aquel año, profetizó que Jesús había de morir por la nación;
y no solamente por la nación, sino también para congregar en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos”. (Jn 11:49-52)
Todos nosotros, los que hemos creído en el Señor Jesucristo, nos hemos enfocado solo a una de las facetas de su obra, la salvación, y hemos perdido de visto que también El murió y resucito para que su Iglesia, o sea su cuerpo, fuera uno.
El sabía que si su cuerpo no estaba unido no podría cumplir con la obra que les había encomendado: “Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura”. (Mr 16:15).
La unidad era tan importante para el Señor Jesucristo que rogó al Padre para que tanto sus discípulos y los que vendrían después fueran uno.
También en la obra del Espíritu Santo solo nos hemos enfocado a una parte de su función en esta tierra, los dones, y hemos perdido de vista que El vino también a unir a la Iglesia:“solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz;” (Ef 4 : 3 ).
La mayor crisis por la que ha pasado la Iglesia de nuestro Señor Jesucristo, desde sus inicios y hasta el día de hoy es la falta de unidad, y la pregunta sería ¿hasta cuando el cuerpo del Señor Jesucristo seguirá cayendo en la artimaña más vieja del enemigo que es la división?
Llámese división a todo aquello que no permita que seamos uno para que el Mundo crea que Jesús de Nazaret fue enviado por Dios.
O usted ¿qué opina?
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